Christian Basso presentó Bonvento!, su quinto disco solista, un trabajo que alterna canciones con voces invitadas y piezas instrumentales. La obra cuenta con la participación de Kal Cahoone, Eva Faludi y Haien en las voces, los arreglos del violista Alejandro Terán, el primer violín de Javier Casalla, Fernando Samalea en batería y las guitarras de Gonzalo Córdoba.
El material recupera composiciones de distintas etapas que fueron revisadas, vueltas a producir y grabadas con ese elenco. Basso describió el resultado como "un remolino de música, como mi mente, un poco caótica. A veces me voy, pero siempre vuelvo".
De Génova al estudio
El nombre del álbum surgió en un viaje por Génova, cuando al músico le llamó la atención que la gente se despida en la calle con la expresión genovesa "¡Bonvento!". Según contó, la palabra carga una idea de buen porvenir y prosperidad, y también de desprendimiento y desafío.
La escritura de Basso cruza la música de películas —terreno en el que trabaja desde hace años—, el rock oscuro, el jazz que heredó de su padre Héctor Basso y elementos de la música popular y académica. Esas influencias aparecen tanto en los temas cantados como en los instrumentales.
"Es mi quinto disco solista. Hace bastante que no sacaba un trabajo de mi propia producción", señaló Basso.
Un disco para escuchar entero
El músico contó que muchas de las piezas estuvieron guardadas en una carpeta hasta que aparecieron el tiempo y el presupuesto para producirlas. Para Basso, la dificultad no está en tener ideas sino en concretarlas: grabar, mezclar y darles forma final junto a Mariano Oliva, ingeniero y productor con quien trabaja habitualmente.
Sobre la posibilidad de que Bonvento! funcione como una obra conceptual, fue cauto: consideró ambicioso pedirle hoy a un oyente que escuche cuarenta minutos sin interrupciones. Aun así, planteó que el álbum propone una escucha atenta en un contexto en el que la música circula por todos lados.
Basso también reflexionó sobre su formación: creció entre estuches, trombones y guitarras, y aprendió a ver los instrumentos como personas con su propio tono y ritmo. Esa mirada, sumada a un recorrido que empezó lejos de lo académico y se completó con estudios de composición y piano, atraviesa el disco. "Es un grito un poco de libertad", definió sobre un trabajo que, a diferencia de sus encargos para cine, nace de su propia iniciativa.