El miércoles pasado, la cantante Céline Dion sufrió una caída mientras actuaba en Nanterre, Francia, en el marco de su gira de 16 conciertos que inició el 12 de septiembre y se extenderá hasta el 17 de octubre.
Durante la interpretación de uno de sus temas, la artista realizó una coreografía apoyada en un solo pie; el piso resbaló y la hizo perder el equilibrio, terminando en el suelo del escenario.
A pesar del percance, Dion se incorporó rápidamente, mantuvo la voz y, con un gesto de la mano, indicó que estaba bien, sin interrumpir el espectáculo.
El fragmento quedó registrado por asistentes y pronto se difundió como video viral, resaltando la capacidad de la canadiense para manejar imprevistos sin perder el carisma ni la calidad vocal.
Esta presentación forma parte de una gira que marca su regreso a los escenarios tras una larga lucha contra problemas de salud vinculados al síndrome de persona rígida, lo que ha generado gran expectativa entre sus seguidores.
En los últimos días, otra artista latinoamericana vivió un incidente similar: Alejandra Guzmán se dislocó la cadera durante un concierto en Veracruz mientras ejecutaba una coreografía. El espectáculo tuvo que detenerse y la cantante fue trasladada a un centro médico.
"Ya me metieron mi cadera. Gracias. Se me zafó, pero nada se rompió", declaró la propia Guzmán en un video publicado tras el accidente.
Ambos episodios ponen de relieve los riesgos que conlleva combinar canto y baile en vivo, y demuestran cómo los artistas pueden sobreponerse a contratiempos para seguir entregando su música al público.