La música jujeña tiene su origen en la interacción entre las comunidades Coya y Omaguaca, complementada por la actividad evangelizadora de los jesuitas durante el siglo XVI. Estudios de antropología musical afirman que esta combinación dio lugar a la tradición andina que hoy caracteriza al norte argentino.

Orígenes precolombinos

Los grupos indígenas Coya y Omaguaca habitaban la región andina de Jujuy mucho antes de la llegada europea. Sus expresiones sonoras, basadas en el canto ritual y en instrumentos de viento y percusión, constituían un elemento central de la vida comunitaria.

Influencia de la evangelización

Con la llegada de los jesuitas, se introdujeron nuevas melodías y estructuras corales vinculadas a la liturgia católica. Los misioneros adoptaron y adaptaron los cantos locales, creando un repertorio híbrido que mezclaba la solemnidad europea con la energía andina.

Legado contemporáneo

El resultado de este mestizaje musical se mantiene vivo en festivales y en la escena artística de Jujuy. La investigación antropológica señala que la raíz del sonido actual sigue reflejando esa síntesis histórica, consolidando una identidad sonora única en el territorio.