Hace cuatro décadas el grupo de rock argentino Fricción lanzó su álbum debut “Consumación o consumo”. La producción se realizó en los estudios Panda, con la participación de Richard Coleman, Fernando Samalea, Christian Basso, Celsa Mel Gowland, Gonzalo Palacios y el invitado Gustavo Cerati, quien entonces estaba inmerso en su trabajo con Soda Stereo.
El proceso de grabación
Coleman describe el estudio como un “laboratorio” donde la experimentación era la norma. > "Era como un laboratorio. Un lugar de investigación. Teníamos que compartir ideas y grabarlas al instante", recordó el cantante y guitarrista.
El equipo trabajó tres veces por semana, ensayando por la mañana y grabando cada pista por separado. Según la propia crónica de la revista Pelo, la sesión duró cerca de un mes y se organizó mediante una planilla que Celsa confeccionó como un diario de viaje.
Recuerdos de los músicos
Christian Basso, bajista, rememora la obsesión por el sonido: > "Queríamos que sonara diferente, y la poesía de las canciones era tan importante como la experimentación sonora".
Coleman cuenta que antes de entrar al estudio la banda reunió todos sus demos y trabajó en una portaestudio Tascam. "Llegaba una batería eléctrica y teníamos que aprender a manejarla", añadió.
Los integrantes también colaboraron con programadores para manejar las máquinas, lo que a veces generaba resultados que no coincidían con la energía del directo.
El legado del disco
Tras “Consumación o consumo” (1986), Fricción lanzó “Para terminar” en 1988, consolidando su estilo híbrido entre rock y electrónica. Las letras, según Coleman, no buscaban transmitir un mensaje concreto, sino explorar una estética poética propia de la rebeldía juvenil de los años 80.
El álbum sigue siendo recordado como un referente de la escena underground de la época, y sus integrantes coinciden en que la experiencia marcó sus carreras y la evolución del rock argentino.
"Fue una corriente eléctrica que nos atravesó, pasando por distintos proyectos", concluye Basso.